Hace unos 2600 años, surgió en un pequeño conjunto de colonias comerciales griegas nuestra actual forma de investigar, conocer y ,en definitiva, pensar: el LOGOS. En este blog, se pretende avivar el espíritu de esos primeros científicos. Un lugar en el que la opinión, el debate y el análisis predominen sobre el simple conocimiento de hechos, datos y cifras. Dejemos a un lado las apariencias y sumerjámonos en el mundo de las esencias.

lunes, 31 de agosto de 2009

Theodor Kaluza: un genio adelantado a su tiempo

Casi nadie lo sabe, pero Theodor Kaluza logró algo que ni el mismísimo Einstein consiguió: la unificación de las fuerzas conocidas en su época. Todo ello gracias a que dio con la clave exacta para ello: la introducción de nuevas dimensiones espaciales. Sin embargo, esta idea tan sumamente adelantada a su época acabó por minar completamente su reputación.

Este concepto revolucionario convierte a Kaluza en el padre, en última instancia, de la teoría de cuerdas. Pero, ¿quién fue este verdadero genio olvidado que consiguió lo que un sínfín de premios Nobel no lograron en una vida entera dedicada a la investigación?, y, quizás lo más importante ¿por qué no se dio a conocer?


Theodor Kaluza nació en Racibórz (Alemania) en 1885. De familia católica alemana, su padre era un experto en lengua inglesa. Estudió en la Universidad de Königsberg, institución en la que había trabajado el mismísimo Kant y en la que su padre era profesor. Más tarde, ya licenciado en física matemática (física teórica), trabaja como doecente en la Universidad de Kiel y, posteriormente, en Göttingen. Theodor Kaluza tuvo un hijo, también llamado Theodor, que fue un brillante matemático.



Robert Kaluza resolvió el gran problema que traía a los físicos de cabeza: la unificación de fuerzas. Logró la unión de la gravedad con el electromagnetismo, algo sorprendente, gracias a una idea brillante y fortuita que por su aparente absurdo no parece ser la solución. Kaluza supuso que el espacio poseía cuatro dimensiones, frente a las tres habituales. Esta solución dejó perplejos a muchos pero la unificación funcionaba. Sin embargo, muchos físicos se negaban a creer que el espacio tuviese más dimensiones que las visibles, por lo que fue tachado de chiflado y charlatán. Junto con el matemático Oskar Klein formalizó la teoría y actualizó los aspectos clásicos a la mecánica cuántica. Por esta razón se la conoce como teoría de Kaluza-Klein (1926).




El poco éxito de la teoría fue fruto de la mentalidad de la época. Nadie podía imaginar una dimensión adicional, lo que parecía algo absurdo. Aún a día de hoy cuesta entender la existencia de las 11 dimensiones espaciales que propone la teoría de cuerdas.






Theodor Kaluza era un auténtico genio: hablaba y escribía en 17 idiomas, algunos como el lituano o el húngaro, aunque su preferido era el árabe. Asimimismo, tenía una personalidad muy modesta y un gran sentido del humor. La leyenda cuenta que Kaluza aprendió a nadar con 30 años y sólo leyendo un libro, ya que confiaba ciegamente en el conocimiento teórico.


El 19 de enero de 1954 falleció un genio incomprendido, un auténtico hombre adelantado a su tiempo que tuvo la osadía y el coraje de defender sus creencias hasta el final pese a ser tildado de loco. El tiempo acabaría ganando la partida a la ignorancia.

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